entiende la mordida como el resultado de cómo respira, crece y funciona el rostro.
En lugar de centrarse únicamente en alinear los dientes, busca comprender por qué el espacio dental, el crecimiento de los maxilares y la respiración se han desarrollado de una determinada manera.
Trabajamos desde una perspectiva centrada en el crecimiento facial y la vía aérea, acompañando a niños desde los 3 años en las primeras etapas del desarrollo. Intervenimos de forma temprana cuando es necesario y observamos de forma respetuosa cuando el momento del niño así lo requiere. Este trabajo se integra en el equipo interdisciplinar para guiar el crecimiento facial, favorecer una respiración más funcional y prevenir adaptaciones que, con el tiempo, se consolidan y son mucho más difíciles de corregir.
Los dientes torcidos casi nunca son el origen: son la parte visible de un maxilar que no ha crecido lo suficiente, de una lengua que no encuentra su sitio o de una respiración que se ha vuelto bucal.
La ortodoncia de vía aérea trata la posición de los dientes como una parte de algo más grande: el crecimiento de los maxilares, lo que hacen la lengua y los labios, y por dónde entra el aire.
El objetivo es desarrollar unos maxilares con el tamaño y la forma que permitan a la lengua tener sitio, a la respiración ser nasal y a la vía aérea quedar amplia.
Cuando el maxilar crece bien, los dientes tienden a colocarse solos.
Cuando no crece, aparecen el apiñamiento, la mordida cruzada, la respiración bucal y, a menudo, los ronquidos.
En Breathe Clinic, trabajamos sobre la causa del desarrollo.
El hueso de la cara se forma alrededor de la función. Un niño que respira por la nariz mantiene la boca cerrada, la lengua apoyada contra el paladar y el labio sellado, y esa combinación empuja el maxilar hacia delante y hacia los lados mientras crece. Cuando la nariz no deja pasar aire suficiente y el niño abre la boca para respirar, la lengua baja al suelo de la boca, el paladar pierde el estímulo que lo ensancha y la mandíbula rota hacia abajo y hacia atrás.
El patrón que resulta se reconoce a simple vista en consulta: cara más alargada de lo que corresponde, tercio inferior aumentado, ojeras, labios entreabiertos en reposo, paladar estrecho y en ojiva, y dientes que no encuentran dónde colocarse. El apiñamiento es la consecuencia visible. Lo que lo ha producido es un maxilar que no ha crecido todo lo que podía.
La ortodoncia convencional alinea los dientes dentro del espacio que hay, y cuando ese espacio falta, una de las salidas habituales es extraer.
Nosotros empezamos por otra pregunta: por qué falta.
Si la respuesta es que el maxilar se ha quedado corto, lo que tiene sentido es desarrollar el maxilar.
Un maxilar más ancho deja más sitio a la lengua y más paso al aire por la nariz. La diferencia está en el momento y en la medida del éxito: actuamos mientras el hueso todavía crece, y comprobamos el resultado en cómo respira y cómo duerme el paciente, además de en cómo le quedan los dientes.
Señales que merecen una valoración
No siempre es evidente que un niño necesite una valoración de vía aérea.
Estas son las señales más frecuentes que conviene revisar.
Un niño que respira habitualmente por la boca, duerme con los labios separados o ronca, está avisando de que algo interfiere en el paso del aire por la nariz. La respiración bucal mantenida baja la lengua del paladar y cambia la dirección en la que crece la cara: se alarga, y el paladar se estrecha.
Cuando los dientes salen torcidos o montados unos sobre otros, lo que suele faltar es desarrollo del maxilar. Detectarlo a tiempo permite ganar anchura ósea guiando el crecimiento, antes de que la única salida disponible sea extraer.
Una mordida cruzada, abierta o muy profunda indica que los maxilares no están creciendo de forma coordinada. Corregirlo pronto es más sencillo y más estable, porque se trabaja sobre el hueso que todavía está en fase de crecimiento.
Cuando el rostro crece hacia abajo en lugar de hacia delante, con cara alargada, mentón retraído y ojeras marcadas, el desarrollo no sigue un patrón saludable y suele acompañarse de una vía aérea más estrecha. Reconocerlo a tiempo deja margen para reorientarlo mientras el niño todavía crece.
Antes de proponer cualquier aparato, entendemos el origen del problema. Ningún tratamiento empieza sin un diagnóstico completo y una decisión tomada en equipo.
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Realizamos una evaluación integral de vía aérea, sueño, función oral y postura para entender el origen real del problema.
Miramos el patrón de crecimiento en la radiografía, el paso del aire por la nariz, el tamaño de amígdalas y adenoides, si el labio cierra sin esfuerzo, si hay alergia respiratoria de fondo, y qué cuenta la familia sobre las noches: si ronca, si duerme con la boca abierta, si se mueve mucho, si por la mañana cuesta arrancar.
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Decidimos en equipo si conviene intervenir ahora, esperar al momento adecuado del desarrollo o derivar a otro especialista. La ortodoncia se coordina con logopedia, fisioterapia y medicina del sueño.
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Integramos los hallazgos de respiración, función y sueño dentro de un único plan de tratamiento, con seguimiento del crecimiento hasta comprobar que el resultado se mantiene.
EL FACTOR TIEMPO
El margen para guiar el crecimiento se estrecha con la edad
Ventana óptima
3 años
Margen amplio. Se puede guiar el crecimiento de los maxilares en su etapa más plástica.
Adolescencia
Margen moderado. El crecimiento sigue activo, pero el patrón facial empieza a consolidarse.
Edad adulta
Margen reducido. Con el crecimiento establecido se requieren enfoques más avanzados.
No. En niños permite guiar el crecimiento facial mientras el hueso se desarrolla, que es cuando más se puede lograr. En adolescentes y adultos también se trata la vía aérea, con herramientas como la expansión MARPE y la coordinación con terapia miofuncional, aunque el enfoque se adapta al crecimiento ya alcanzado.
A los tres años ya se puede observar cómo respira un niño, cómo traga y dónde apoya la lengua. Y a esa edad el hueso responde: la sutura media del paladar está abierta y el maxilar tiene margen para crecer a lo ancho. Los mismos milímetros a los quince años necesitan microtornillos anclados al hueso. A los treinta, cirugía.
En muchos casos, empezar pronto y desarrollar el maxilar reduce la necesidad de extracciones, porque se crea el espacio en lugar de eliminarlo. Cada caso se valora de forma individual en la evaluación inicial.
Sí. La ortodoncia de vía aérea temprana suele ser una primera fase que prepara la base ósea. Si más adelante se necesita alinear los dientes de forma más fina, se hace sobre un maxilar ya bien desarrollado, lo que simplifica el tratamiento.
Observar es también una decisión clínica. Cuando el momento del niño lo aconseja, hacemos seguimiento del crecimiento y volvemos a valorar, para intervenir solo cuando aporta un beneficio real.